Saldo.

Tenía como metido un motor de torino en el pecho. Las llantas apenas si le tocaban el suelo. 3 lanchas lo corrían y vos no vas a creer, pero justo cruzando la placita lo salió a garronear el ovejero del tumba. Y se ve que no era el día del negro. Apenas si lo tocó, pero fue como si le movieran el suelo. Así como venía fue a reventarse los dientes contra un rastrojero. Después llegaron los gatos, meta sirena y secuencia. Lo cargaron nocau, la cabeza contra el piso del patrullero.

Apareció 3 años después el negro. Y lo primero que hizo fue volver hasta lo del tumba, y meterle 3 tiros al ovejero.

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Fortaleza

Decían que el tiro se lo había pegado Randazzo, el bigote retirado que alquila arriba de lo de la masajista. Y se fue armando bondi, con el Turco queriendo cagar a todos a trompadas y Carlitos esperando que se pudra para manotear un ojete. Pero se nos pasó la tarde y la yuta que no le aflojaba. Además se levantó un frío de la san puta, si ya hacia como 2 horas que no pintaba ninguna. La Gladis arrancó primera, y nosotros medio que nos hicimos los boludos y nos fuimos escurriendo. Hasta que del pasillo saltó la hija de la verdulera y a grito pelado encaro para el lado de los ratis y dijo: acá son todos putos, ninguno se la aguanta. Y te juro negro, que aunque no me creas, la que le prendió fuego al patrullero fue ella.

Diario

Había un poco de muerte en el fondo de aquel placard improvisado. La ropa de alguien, que desde otro tiempo, ya nada observa. Y la angustia enredada entre las fibras del tejido. Con el frío regando la ausencia, y las ganas. Un martes abierto en dos, a la intemperie, debajo del rocío y de la mirada del asco. Saliendo a esperar el 163, comiéndose los mocos. Practicando ese irse de a poco, como perdiendo el contorno. Hasta parecerse a todos, hasta dejar de ser alguien.